martes, 29 de noviembre de 2016

madre no hay más que una: ideas de desayuno y merienda

Entre bollos y un pimiento (el hijo de una buena amiga comía pimientos crudos para merendar, lo que siempre me ha alucinado) hay más alimentos que pueden gustar a los niños y que tienen una parte sana (básicamente, y no me engaño, es que los haces tú).

Estas son algunas ideas que yo utilizo con Teo:

1. Bolitas de coco.
La receta la cogí del blog de Deliciously Ella (se puede ver aquí), lleva coco rallado, almendras, mantequilla de anacardos (yo utilicé una que había comprado en iHerb, pero se puede hacer en casa); cacao y aceite de coco. Están muy ricas, y con una bola y dos vasos de leche (mi hijo bebe bastante leche) ya está desayunado -y oyes, si tienes prisa, es un buen snack para llevar-.


2. Gofres de avena
Había dejado de hacer gofres porque utilizaba una receta con claras de huevo y ya no compro; pero en IG encontré esta de la nutricionista @lidiafolgar, que lleva avena, dátiles, huevos, un plátano maduro y canela  y salen muy ricos. Eso sí, con los moldes para horno de lekué, que son los que uso, o te levantas pronto, o los haces en domingo o para merendar, porque el proceso requiere tiempo (en total, unos 20 minutos, que en una mañana de diario no sobran).


3. Tostadas con rodajas de plátano, tahini y cascarillas de cacao

La madre del Chino nos trajo cascarillas de cacao hace muchísimo tiempo y no le dábamos salida, así que cuando vi esta idea de desayuno en la página de I quit sugar, (aquí) lo probé, más que nada por darles uso. El tahini es pasta de sésamo, así que en el sabor se parece mucho a algunas mantequillas de frutos secos. El resultado es bueno, aunque un poco pegajoso para los niños...


Espero que os hayan gustado...

¡Buen día!

viernes, 25 de noviembre de 2016

black friday: no me voy a comprar nada

Casi lo tengo que repetir como un mantra; Ya han pasado cuatro meses desde que dejé de comprarme ropa (incluyo bolsos y demás) y cosméticos. Llevo dos semanas recibiendo correos de publicidad de las ofertas de black friday. He borrado muchos sin abrirlos, pero otras veces la inercia (consumidora) me ha llevado a la página web y a ojear las ofertas... Pero como no necesito nada, nada voy a comprar.

Eso sí, cada vez me cuesta menos y estoy más convencida de que no comprar no es una renuncia, sino una desintoxicación. Y como en cualquier cura de este tipo, cuanto más se avanza, mejor te sientes y desde la distancia, más me doy cuenta de que en parte, comprar era para mí cubrir carencias.

Sin embargo, reconozco que hay dos ámbitos en los que, aunque he reducido mi nivel de consumismo, no lo he eliminado: los libros y la comida. Sigo probando comidas y sigo gastando en libros, aunque también he pedido prestados (libros) y he delegado (en el tema de las comidas).Y no dudo de que en cuanto necesite algo, lo voy a comprar, pero hasta aquí, ha merecido la pena. Tampoco dudo de que voy a cotillear las compras de los demás, porque me gusta y porque no hago proselitismo de esta postura, de hecho, este post es más para reafirmarme que para convencer a nadie.

¡Buen viernes!


miércoles, 23 de noviembre de 2016

madre no hay más que una: operación baby-led weaning

Con mi segunda maternidad han cambiado muchas cosas; Sobre todo, y lo podréis haber oído de cualquier padre/madre que repita, es mucho más relajado: no sales corriendo al pediatra con el primer moco de la criatura, no le das importancia al colecho, no esterilizas todo lo que se cae al suelo, y la alimentación, ya sea con pecho o binerón, no es tan estresante.

En general, creo que con Teo cometimos muchos errores de primerizos, uno de ellos es atender al pie de la letra a todo lo que oyes, ya sea de profesionales sanitarios o de la familia (incluso de esos desconocidos que te abordan por la calle y saben perfectamente por qué está llorando tu hijo), sin atender a lo que nosotros pensábamos o intuíamos que podíamos hacer. Y uno de estos temas es la alimentación.

Al cumplir seis meses, la enfermera de Teo nos dio una fotocopia con calendarios e instrucciones -muy detallado todo- para la introducción de la comida que seguimos a rajatabla. Todo muy estricto y muy regulado, pero entonces el padre de mi criatura y yo no nos planteábamos que pudiera ser de otra forma. Pero resulta que sí (como todo en esta vida), que la manera de introducir la alimentación complementaria puede ser más flexible.

A grandes rasgos, el baby-led weaning (BLW, por sus siglas en inglés), consiste en que los niños aprendan a comer solos, y a su ritmo, alimentos enteros, evitando los purés y las papillas de frutas o cereales. En teoría, los niños que aprenden así comen mejor porque son ellos los que dirigen el proceso, participan activamente y aprecian mejor la textura, el sabor y todo lo que un alimento puede ofrecer, y que se pierde con los purés ofrecidos con cuchara. En internet hay mucha información y lo único que podría hacer es corta pegarla, sin añadir nada nuevo, por lo que remito a algunos enlaces que yo sigo, como la web -en inglés- de Gill Rapley (la "creadora" del método), el blog -en español- de una maternidad diferente, las charlas del pediatra Carlos González o la cuenta de IG @babyledweaningideas.

Para empezar con el BLW tienen que darse tres condiciones: que el bebé se mantenga sentado, que sea capaz de coger cosas con las manos y que muestre interés por la comida. Juan cumplió 6 meses el día 21 de noviembre; y es conveniente empezar a darle otros alimentos además de la leche materna, y cumple estos requisitos. El motivo que nos ha llevado a seguir este método y no el de la fotocopia es, ante todo, la experiencia: la propia y la ajena. Con Teo fuimos muy rígidos, pensando que era lo mejor para él, cuando en realidad, respetando las recomendaciones para la introducción de alimentos muy alergénicos (como el huevo o el pescado) y de seguridad para prevenir atragantamientos, el proceso podría haber sido mucho más relajado para él y para nosotros. Además, la experiencia con el BLW que una buena amiga me iba contando de su hijo nos ha hecho interesarnos por este método e intentarlo con Juan. Y por qué no decirlo, hacer dos comidas distintas con el poco tiempo que tenemos da mucha pereza... con el BLW tienes que hacer unos ajustes -lógicos- en cuanto a los condimentos, pero básicamente el bebé come lo mismo que sus padres.

En fin, estamos empezando a usar este método con Juan, así que iré contando en el blog cómo vamos.

¿Conocéis el BLW?, ¿para bien o para mal?

lunes, 21 de noviembre de 2016

diástasis y segundo embarazo (y III)

El martes pasado fui a la rehabilitación del suelo pélvico, y como fue mi última sesión (espero) voy a dar por concluido este tema, con mis conclusiones.

Creo que ya tengo fuerza suficiente en los músculos que retienen la orina (aunque no he tenido pérdidas, con el tiempo y la pérdida normal de fuerza sí podrían haber llegado) pero tengo que mantener los ejercicios que reeducan la postura y que hacen que con la actividad normal, y sobre todo con las acciones que implican levantar peso o impacto no desciendan las vísceras (que producen el prolapso y la incontinencia).

Durante todas las sesiones que he tenido con la fisio me ha ido mandando ejercicios para hacer en casa, que cada vez son más complejos, más duros y me llevan más tiempo, así que no puedo hacer todo lo que debería, pero voy poco a poco.

Para la diástasis, que tarda bastante en cerrar (y parece que nunca lo hará del todo), lo mejor es reforzar la zona sin el típico abdominal o crunch: En mi caso,  planchas y contracciones del transverso sin mover la zona lumbar (lo cuento por si a alguien le interesa, pero esto es lo que me dijeron para mi caso, hay que preguntar siempre a un profesional); y mejor si se hacen en desequilibrio, porque se contrae el suelo pélvico de forma involuntaria lo que ayuda mucho a reforzarlo (con la ayuda de un bosu, un medio tronco, un fitball o un disco de desequilibrio (yo encontré el disco en Tiger por 8€ y me lo compré, gastarme 90€ en el bosu me parece excesivo). Es muy importante reforzar la zona abdominalno sólo por el tema estético (ahora tengo barriga), sino fundamentalmente porque es la que sujeta la espalda y también las vísceras (con la tripa sin fuerza tengo muy malas digestiones y se me hincha en cuanto como algo).

En esta última sesión, además, la fisio me habló de los pesarios, que se ponen como un tampón y colocan los ginecólogos, que evitan ese descenso de las vísceras durante la práctica de ejercicios más activos. De todas maneras, y hasta que no transcurra al menos un año desde el parto, mejor optar por actividades como hipopresivos, ejercicios isométricos y natación, que no afectan al suelo pélvico y son muy buenos para la espalda (no olvidemos que tengo un bebé que no quiere carro y va en brazos a todas partes).

Bueno, pues dentro de un año espero haber mejorado en todos estos aspectos. El tema estético es importante, pero la salud es fundamental; de mayor no quiero estar delgada y llevar compresas para la incontinencia; quiero seguir haciendo ejercicio pero si tengo que parar el ritmo, no hay problema. Al final, como en todos los temas de maternidad, mi única lección es que tengo que ser paciente (y perseverante).

Como en los post anteriores sobre este tema, si queréis hacerme alguna pregunta o comentario más personal, no dudéis en escribirme un correo. Hay muchas mujeres que no tienen problemas tras su(s) parto(s), pero otras sí y nos callamos porque nos da vergüenza preguntar al médico, a la matrona o a un fisioterapeuta, cuando lo mejor es buscar soluciones.

¡Buen día!

martes, 15 de noviembre de 2016

a vueltas con el color del sillón

Hace ya unas semanas publiqué una entrada contando que queríamos cambiar la funda de un sillón de ikea de un modelo descatalogado, y que habíamos encontrado una web que vende online las fundas pero no nos decidíamos por el color.

Pues seguimos exactamente en el mismo punto, aunque las opiniones en los comentarios se decantaban por el verde menta, la gente que ha visto el salón opina que el amarillo, así que he hecho fotos al salón y las voy a enseñar para hacer una segunda ronda:

tengo una pared y una lámpara grises, mesa de comedor de madera, y alfombra de colores  otoñales




La funda que queremos cambiar es la verde; recuerdo que tengo dos niños pequeños (uno de ellos muy vomitón y el otro baja al parque y sube de barro hasta las orejas, literalmente).

Y estas son las muestras de los colores que habíamos pedido:



¿opiniones?

¡¡gracias!!

domingo, 13 de noviembre de 2016

una mañana en biocultura

Hace ya algunos años que el Chino y yo vamos a la feria de biocultura. Todavía se organizaba en la casa de campo la primera vez que fuimos, y ha cambiado bastante desde entonces. El Chino me recordaba el viernes por la mañana, de camino a Ifema -en coche y con un bebé, eso ya dice bastante del tiempo que ha pasado-, cuando toda la planta baja del recinto ferial estaba dedicada a temas más esotéricos, y la fruta y verdura ocupaba la otra planta.

Bueno, ahora hay menos cosas "esotéricas" y una oferta más amplia; nosotros siempre volvemos con algún descubrimiento y también con una mala compra; hace ya cuatro o cinco años compramos una botella con horchata concentrada que había que diluir en agua para obtener la bebida y que en la feria estaba muy buena, pero en casa no salía nada potable... aunque ha estado en la nevera hasta antes de ayer, prácticamente...  Otras veces veníamos cargados de tofu y ya hace tiempo que no lo probamos. En cualquier caso, los precios de esta feria no son nada baratos y hay que mirarlos bien, esta vez no hemos comprado casi nada de comer porque nos sale mucho más económico hacerlo en los establecimientos del barrio (en mi herbolario tienen ya de todo y a mejor precio, y lo mismo en el mercado).

Aunque no esperaba comprar nada, me llevé unas cuantas cosas:


Fermentos lácticos para hacer yogures en casa; semillas de lino y chía con manzana y canela (para añadir al yogur o a batidos); miel en crudo y conservas de atún y ventresca (salen un poco caras pero tenían pinta de delicatessen). Y unas pastas de coco que están muy buenas.

Además de la comida, compramos algunas cosas más:


Baberos para Juan de algodón bio; un desodorante de alumbre, una botella de cristal y silicona (para el trabajo) y uno de esos sujeta cucharas de cerámica (nunca sé donde poner la cuchara de palo cuando cocino).

Este año el desodorante y el fermento tienen muchas papeletas para ser la compra desastre, tendremos que probarlo todo para saberlo...

jueves, 10 de noviembre de 2016

Adiós Condesa, adiós

Si me lo hubieran dicho hace cinco años, cuando compré mi chaqueta de La Condesa, no lo hubiera creído (tampoco hubiera pensado que EEUU podría tener una presidenta, pero en eso sí he acertado); y es que cuando me decidí a comprarla estaba convencida de que no había chaqueta más bonita en todo el mundo y que sería de esas prendas que tus hijas te roban del armario.

Pero no. Mi chaqueta de La Condesa, LA CHAQUETA, ha desaparecido de mi armario. Ha sido víctima de KonMarie y ahora la disfruta otra persona.

estaba embarazada, y me quedaba mucho mejor con barriga :)

Muchas veces me puse mi chaqueta y al final acababa por dejarla en su percha: o bien no me convencía el estilismo, o pensaba que se me iba manchar... mil excusas. El otro día me la volví a poner y pensé que con ella mis pelos se veían peor, mis ojeras se notaban mucho más y que no me lucía nada. Me faltaba actitud, tuve claro que la chaqueta podía conmigo y me comía. No estaba hecha para mí.

Y tomé la decisión: la saqué del armario. La persona que la tiene ahorala lleva con mucho estilo, mucha gracia y mucha personalidad, y como hija de sastre sabe apreciar el trabajo que tiene y lo bien hecha que está. No, no la he regalado, es un préstamo que puedo deshacer cuando quiera (un acuerdo muy común entre las féminas de mi familia); pero lo que cuenta es que, a diferencia del resto de prendas que saqué del armario, haciendo un #KonMarie, a ésta le di las gracias y con ella he aprendido una lección.

Y no me extraña que haya mujeres que ponen zapatos de tacón en las estanterías, hay algunos pares que como objeto decorativo y para admirar están muy bien, pero no puedes llevarlos.

lunes, 7 de noviembre de 2016

#desayunosinpan

Llevo media vida desayunando casi todos los días fruta (básicamente kiwi), tostada con aceite y jamón o pavo. Aunque hay días que cambio, esto es lo que tomo prácticamente todas las mañanas, así que el lunes pasado me dio por cambiar para hacer, durante una semana, desayunos distintos, sin tostadas, ni kiwi, ni pavo. He utilizado ingredientes más o menos exóticos que ya tenía en casa (como las semillas de chía, el aceite de coco la leche de coco, que uso para hacer curry), pero no he comprado nada nuevo, así que he adaptado algunas recetas (no llevan miel ni siropes de ninguna clase porque no tengo).

Las mañanas siempre son complicadas porque voy con Juan (mi bebé de cinco meses) a llevar a Teo al colegio, así que la opción de los pudín me ha servido para dejar listo el desayuno la noche anterior, con añadir algunos ingredientes más por encima ya está listo para comer.

éste es el resultado, que he ido mostrando en IG todas las mañanas:

Lunes: pudín de plátano, chía, aceite de oliva y pipas de calabaza. La receta es de las Hemsley; estaba bueno pero lo hice con la mitad de cantidad y me quedé con un poco de hambre...


Martes: mugcake de plátano y cacao. Lleva un plátano maduro machacado, un huevo, dos cucharadas de semillas molidas y una de cacao en polvo; se mezcla todo junto en una taza tipo mug y se cuaja en el microondas 3 minutos a máxima potencia. Sale una especie de bizcocho.

No era la primera vez que probaba esta receta y me gusta mucho, se tarda poco en hacerla y el resultado es rico (no es comparable a la repostería, claro) y bastante saciante. Lo de las mugcakes es un mundo, también tengo otra receta con manzana que está muy rica, pero no pude repetirla porque esta semana no tenía en casa compota.


Miércoles: carrot cake saludable

Vi esta receta en internet y me llamó la atención; lleva avena, leche vegetal (yo usé de avena, precisamente), yogur griego (utilicé el yogur natural que hacemos en casa), semillas de chía, zanahoria rallada y pasas. Se deja reposar todo por la noche en la nevera y en el momento de consumir le puedes poner nueces y canela.

En la receta original se utiliza sirope de arce para endulzar, pero yo no tengo, así que me conformé con el dulzor de las zanahorias y las pasas. No es para tirar cohetes, pero está rica (mucho mejor es una receta de carro cake crudivegano que preparé en un curso y que espero repetir alguna vez)


Jueves: yogur natural con granola

Hice la granola en casa siguiendo una receta que vi en el libro de I quit sugar, de Sarah Wilson, que lleva copos de coco, nueces, semillas y aceite de coco. Quedó bastante bien aunque no le puse sirope, porque no tengo.



Viernes: pudín de coco con frambuesas y chía

Otra receta de las Hemsley; lleva leche de coco, frambuesas (yo usé congeladas) y semillas de chía. No le puse miel ni extracto de vainilla porque no tengo en casa, pero le puse unas gotas de stevia con vainilla que sí tenía (ya sé que es raro tener esto y no miel, pero se dio así), y fue un error mayúsculo. Ese mismo día me deshice de la stevia, no me gusta nada porque el dulzor que tiene me resulta muy desagradable.

El resultado fue curioso, pero no me convenció del todo. De nuevo hice la mitad de las cantidades originales, pero me llenó bastante.


Sábado: tortilla con semillas y fruta (uvas, kiwi y mandarina)

Un desayuno de lo más normalito, pero ya con tiempo para hacer (y tomar) algo caliente. La tortilla, eso sí, llevaba canela y semillas.


Domingo: tortilla con canela y plátano y yogur natural con arándanos y más plátano

Otra tortilla, esta vez con plátano por encima (seguí el consejo de @anafilipipower) y más yogur con fruta. Repetición, vaya, pero todo estaba muy rico. ¡Sin duda me quedo con este desayuno, que es el más normal!  además tomé un té nuevo del que me habían dado una muestra el día anterior en Tea Shop: pu erth (té rojo) brownie. Riquísimo.


 Esta tontería de los desayunos me ha llevado a perder bastante tiempo, pero también me ha obligado a variar y probar cosas distintas en esta primera comida y eso lo doy por bueno, para no caer en una constante rutina. Claro que, ahora que veo las fotos, lo que debería cambiar son los manteles para el desayuno...

¡Buen día!

viernes, 4 de noviembre de 2016

hacer un #konmari

El otro día, aprovechando que estaban mis padres en casa, y que había manos suficientes para los dos hijos sin contar las mías, me lié la manta a la cabeza y saqué toda mi ropa del armario para hacer un #konmari, después de haber leído el libro "la magia del orden".

no se aprecia bien la altura de las montañas de ropa...

No he puesto en orden toda mi casa (libros, archivos, juguetes, ropa de los niños) porque ese proyecto me viene ahora mismo muy grande, pero como de todas maneras tenía que sacar la ropa de invierno sí o sí, aproveché la ocasión para hacer limpieza a fondo.

Aunque todavía tengo el libro en casa (no es mío), había dejado apuntadas las claves para la operación konmari, según las instrucciones que ella da. Creo que no cumplí ni una... y esto es lo que NO hice:

1. la primera y más importante: "no pienses en lo que quieres tirar, piensa en lo que quieres conservar porque te hace feliz".

A mí la idea de tirar me seducía porque me imaginaba mi armario ordenado por una vez, con aire entre las perchas y que se viera todo a la primera. Pero en cuanto empecé a desechar, me di cuenta de que tirar no me hace nada feliz. Me da muchísima pena deshacerme de cosas que están en buen estado, o que me han costado mi dinerillo. Llené una bolsa grande de ropa (que no es mucho) con morralla, pero luego saqué cosas, arrepentida.

mi bolsa de deshechos

2. hacer la limpieza a solas. Tenía a toda la familia en casa, así que acabé pidiendo consejo; y a mi madre, lógicamente, no le parecía nada bien que tirara nada. Ella se llevó un par de zapatos (muy bonitos, muy nuevos, a pesar de que las dos veces que me los puse me destrozaron los pies -heridas sangrantes- estuve a punto de dejarlos en el armario), y me disuadió de tirar unos pantalones con el bajo destrozado -los he llevado a arreglar- y otros muy pasados -que ahora están en el tinte-, más una camisa que no sé si me llegaré a poner, pero que está nueva.

3. no separar la ropa por temporadas. Bueno, se supone que en la primera tirada te deshaces de tanta ropa que ya no necesitas separarla por temporadas, puedes guardarla toda junta porque no tendrás problemas de espacio, pero no me ha pasado. Al final no he tirado casi nada, así que he mantenido mi caja de ropa de temporada.

4. sacar toda la ropa a la vez. Imposible, por temas de tiempo. Me queda pendiente la cómoda donde tengo las bufandas, calcetines y medias, y la ropa interior. Y habría mucho que ordenar aquí...

más apretados que la hora punta del metro

El resultado: suspenso en #konmari. Después del resumen que he hecho, no puedo echarle la culpa al método, porque directamente no lo he seguido. Mi armario sigue estando abarrotado. Quizá el momento no haya sido el mejor, ahora no puedo elegir lo que me hace feliz porque estoy todavía con la lactancia, que me limita mucho a la hora de vestirme, y con mi talla sin definir, así que tendré que retomar este tema más adelante. Lo que sí he sacado en positivo es darme cuenta de que tengo de todo y no necesito absolutamente nada; esta misma reflexión la he leído en el blog de escarabajos, bichos y mariposas; y me parece una lección muy valiosa.

¡Buen día!

miércoles, 2 de noviembre de 2016

madre no hay más que una: la culpa

En este país en el que nos dividimos para todo, en el tenemos encendidos debates sobre la tortilla con cebolla o sin cebolla,  cola cao o nesquik, la nutella o la nocilla, el gazpacho con pepino o sin pepino, etc, la maternidad no iba a estar exenta de bandos. En este caso, o eres de Carlos González, o de Estivill.

Carlos González es un pediatra que aboga por la lactancia a demanda, por coger al niño en brazos cada vez que llore, por el colecho, o por no castigar. Ha escrito "bésame mucho" y "un regalo para toda la vida", dos libros muy vendidos sobre crianza y lactancia.

Eduard Estivill es un médico especialista en sueño que aboga por seguir con los niños un método conductista para que duerman solos, en su cama (o cuna) y en su habitación. Estivill es el autor de "duérmete niño", otro bestseller.

Y hay que seguir a uno. Claro, con la presentación que he hecho, lo lógico y normal, sobre todo si no tienes niños, es elegir a Carlos González, porque, ¿quién estaría en contra de educar con amor y cariño, en lugar de dejar llorar al bebé hasta que se duerma?

Yo tenía clarísimo que a Teo le íbamos a educar en amor y cariño. Luego se unió el colecho, por necesidad (cuando hay lactancia a demanda es muy cómodo y el bebé y la madre duermen mejor así). Pero cuando la teta ya no funcionaba para dormirle, se despertaba cada diez minutos y tardaba horas en conciliar el sueño, el dolor de espalda y la idea de que el colecho no podía alargarse eternamente empujaron a Teo a su cuna, más o menos al sexto mes. Y al décimo, llegó el método Estivill, apoyado por algunos amigos, aferrándonos a cualquier cosa con tal de que el niño y los padres pudiéramos dormir unas horas, pero sin contar nada a nadie para no alarmar al grupo proGonzález. Aquello fue un desastre mayúsculo, y a la segunda noche renunciamos: desde entonces nos quedamos por las noches con Teo leyendo cuentos, y luego con la luz apagada, con él hasta que se duerme (esto nos ha llevado meses de práctica, lo que al final es conductismo puro y duro).

He contado mi historia, pero en realidad da igual; hubiera hecho lo que hubiera hecho, todo está mal. La maternidad es culpa; "no cojas al niño que se malacostumbra", "coge al niño que llora, pobrecito", "que coma de todo", "que coma lo que quiera", "los niños no pueden elegir", "los niños tienen que elegir"... podría estar recordando frases y consejos de este tipo todo un día (de conocidos y de auténticos desconocidos); pero al final se reduce a que no importa lo que hagas, está mal.

Juan, mi bebé de cinco meses, solo concilia el sueño con la teta, y no siempre. Ya conté por IG que no ha querido el chupete, y así sigue. Y hasta ahora no pasaba nada porque yo estoy en casa; pero me quedan dos semanas para volver al trabajo, y con él se va a quedar su padre, que ha cogido una excedencia, que tiene mucha paciencia pero no tiene pechos y hasta hoy no ha podido dormirle. Y claro, te planteas qué hacer. Carlos González le echaría la culpa al sistema, que "obliga" a las madres a volver al trabajo (habría que explicarle que muchas lo hacen de mil amores, pero no dicen nada por culpa), pero no te daría solución; Estivill te dejaría su libro para aplicar su método (que una vez conocido, no volveremos a intentar).

El otro día en el parque, con Juan en brazos (que para eso es mi #bebébracero) contaba esto a dos madres; ambas con dos niñas cada una; Una me dijo: "yo la dejé que llorara", refiriéndose a su hija pequeña, y añadió "soy así de mala madre"; la otra me dijo "me levanto siempre y la meto en mi cama, soy una blanda". Parece que las dos hicieron lo que creían que tenían que hacer, pero sienten culpa, y por eso se justifican. Muchas veces, por la calle, he llevado a Juan en el carro llorando -a veces no podría cogerle, a veces esperaba que se durmiera porque iba con los ojos cerrados- y he notado las miradas de desaprobación; otras veces directamente me lo han echado en cara. Pero también he notado miradas de desaprobación cuando he llevado al bebé en brazos, empujando el carrito (vacío) y todavía con la mochila de porteo puesta (a Juan el porteo le parece la solución menos mala, pero muchas veces no le gusta y también llora).

Y por eso he querido escribir este post, con dolor de espalda, con nervios porque no sé como se tomará mi bebé los biberones, porque empiezo a trabajar en dos semanas y ya noto la culpa, que parece que se instala en cuanto el predictor da positivo. No importa cómo acabe esta historia, yo ya me siento culpable porque aunque he dado el pecho a demanda, he servido de chupete, y he llevado en brazos a Juan siempre, me siento culpable por si le estoy "mal acostumbrando", y porque luego tendré que "desacostumbrarle". Y aunque suene a Carlos González, en realidad mi motivación es egoísta: hago lo que sea con tal de dormir (porque la primera opción fue que durmiera en cuna, que tuviera chupete...) Qué desazón, proclamo. Por ahora, entre el Chino y yo, la opción que más votos tiene es comprar una cama más grande, en la que quepamos los cuatro... Ay, la culpa...

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