miércoles, 31 de agosto de 2016

all you need is less (¡y cuatro prendas sin estrenar!)

Mi propósito para este "año nuevo" que empieza en septiembre es no comprarme nada que no necesite; y siendo muy generosa, debería significar no comprar nada en absoluto, salvo alimento.

Tengo que decir que toda la vida me las he dado de ecologista, pero la realidad es que soy una despilfarradora -de recursos en general- de manual, y tengo demasiado de todo. Basta con seguir la cuenta de IG de @carucienfuegos y su blog para ver que una vida más sostenible requiere de más acciones que separar la basura y usar tarros de cristal, que es básicamente lo que yo he estado haciendo.

Por poner un ejemplo sencillo, he llegado a juntar hasta cuatro cremas hidratantes en el baño (y solo tengo una cara, que conste), y otras tantas de cuerpo, que por mucha superficie que tenga a hidratar, es realmente una exageración. Tengo unas cinco o seis camisetas de rayas, y el mismo número de pantalones vaqueros, a pesar de que algunos no me los pongo desde hace años... Por no hablar de los ingredientes que la industria cosmética utiliza en las cremas o la cantidad de agua que se necesita para cultivar algodón o lavar los vaqueros hasta dejar el aspecto desgastado... En resumen, una exageración.

Es verdad que desde que tengo hijos he reducido mucho mi consumo en este tipo de cosas, pero más por falta de tiempo para ir de compras y por pragmatismo (¿comprar otras sandalias? ¿para ir al parque?) que por coherencia; pero ahora estoy más convencida que nunca del "all you need is less" y me dispongo a aplicarlo en todos los ámbitos de mi vida.

Mi primer reto es tan sencillo como terminar todas las cremas que tengo abiertas en el baño, y sustituirlas por una opción más sostenible. Al menos ya he acabado con el gel y sólo usamos jabón natural, que es algo. Y estoy deseando acabar con el champú de lóreal -que se me está haciendo interminable- para pasarme al sólido (de ingredientes naturales y sin embalajes).

En cuanto a la ropa, el reto es complicado: no voy a comprarme nada que no necesite realmente. Además, en mi caso, aquello de ir de compras en tu armario va a ser literal, y es que tengo cosas que, por unos motivos u otros, están sin estrenar y hasta con su etiqueta, y que os enseño (porque de eso va este post):

1. falda midi de hakei:



La vi en el escaparate de la tienda cuando todavía estaba embarazada y al verla en rebajas, ya sin tripa y tras meses llevando la misma ropa de embarazada, no me lo pensé. Hoy todavía no me la he puesto, porque: 1) sobrestimé la recuperación postparto y aunque quepo, se me resiste un poco; y 2) con faldas largas y midi me veo como una rumana, no sé con qué ponérmelas para que queden bien...

2. Chaqueta bordada de zara


Igual que la falda, la había fichado en temporada y la compré en rebajas (poca rebaja, debo decir). No la he estrenado porque: 1) tengo un #bebébracero que se puede hacer daño con los adornos bordados; 2) ¡imposible llevar esto con el calor que hace y que todavía hará!

3. Camisa de peliqueiros, de Botwist




De esta marca tengo una camisa sin mangas con estampado de pimientos del padrón que me regaló mi cuñada el año pasado; y buscando algo para el cumpleaños de mi hermana me metí en su web y vi que estaban al 50% así que... compré dos (muy mal), una para ella y otra para mí. A mi favor tengo que decir que esta marca tiene producción local y cuidada :)

Es muy bonita y queda muy bien puesta, pero no me la he puesto porque: 1) es blanca, incompatible con estar en casa con dos niños; y 2) no es cómoda para la lactancia.

4. Camisa (¿?)




No me acuerdo de la marca, la vi en la web de zalando cuando todavía estaba embarazada y después se la vi puesta a B*alamoda y me lancé porque así funcionan los blogs: culo veo culo quiero; pero no me la he puesto porque: 1) claramente es para ir a trabajar y ahora mismo estoy de permiso de maternidad; y 2) ya no sé si me gusta :(

Pues con todos estos datos, he sacado dos conclusiones: en verano, con niños, con lactancia y sin tener que ir al trabajo no he necesitado más que un par de pantalones cortos, una falda fresca, un pantalón largo y camisetas; si no he necesitado nada de esto, entonces no debería haberlo comprado... Ya sé que a veces comprar ropa es algo más que cubrir una necesidad, ¡pero es que tengo el armario lleno!

En diciembre haré de nuevo revisión de este propósito, a ver cómo voy.



lunes, 29 de agosto de 2016

madre no hay más que una: dejar el pañal

Este verano teníamos por delante el reto de quitar el pañal a Teo, porque en septiembre empieza el colegio y uno de los requisitos que te machacan en todos los centros (al menos en los públicos de mi comunidad) es el control de esfínteres.

En la guardería nos habían avisado de que empezarían el proceso cuando lo vieran maduro, pero llegó junio, y nada, y llegó julio, y tampoco... así que nos plantamos en agosto con la tarea y con un bebé muy pequeño que, si bien no ha generado muchos celos, nunca es de ayuda.

Un mes antes nos hicimos con uno de los mil libros infantiles de esta temática, y se lo leímos sin insistirle ni presionarle, hasta que el mensaje pareció hacer efecto y empezamos a hacer algún intento que fue bastante mal, porque Teo no habla y no pedía nada.



Hablando con otros padres, nos dijeron que se puede tardar hasta un mes en que controlen bien el proceso, y ya no lo demoramos más: en cuanto volvimos de vacaciones nos pusimos a pico y pala; compramos calzoncillos de la patrulla canina para animarle y se acabó el pañal. Pero no os engaño: el comienzo fue terrible porque Teo no quería ni sentarse en el orinal, y cuando se hacía pis fuera, no le importaba ni lo más mínimo... Yo me puse muy nerviosa porque el Chino volvía al trabajo en una semana y me iba a quedar con un bebé de dos meses que siempre tengo que llevar en brazos y Teo, todo para mí sola. ¡Horror!

Pero los niños siempre te sorprenden, y el mío me ha sorprendido mucho más: en dos días le cogió el truco y en el transcurso de una semana apenas tuvo dos accidentes. Incluso le quitamos el pañal por la noche, y hasta hoy...

Mucho ánimo a los padres que estén en esta tarea, y si no puede ser, llevad a vuestros niños al colegio con pañal. Mi pediatra me insistió mucho en que no forzara al niño, y la paciencia de su padre ha hecho el resto.

sábado, 27 de agosto de 2016

la vida cambia... mi casa también

¡Hola!

no recuerdo la última vez que me puse a escribir pero casi seguro todavía tenía a Juan en la tripa; es más, seguro que ni se llamaba Juan porque el nombre lo decidimos en el paritorio y hasta allí no me llevé el ordenador.

De nuevo con un bebé en casa, de nuevo sin poder planificar nada, porque cuando los niños duermen no sabes si es para 5 minutos o para tres horas y en mi caso, la ley de murphy no falla: si me dispongo a hacer la comida para toda la semana o enfundarme en el chandal para hacer ejercicio, se me levantan al punto; si me pongo a mirar las musarañas (mindfulness lo llaman ahora, creo) dormirán tres horas completas. Lo que tampoco falla es septiembre: en cuanto se asoma por el calendario, me dan ganas de hacer mil cosas.

Entre esas cosas está el hacer cambios en casa. En estos momentos de tener un bebé en brazos, intentando dormirle, no puedo evitar reparar en todo lo que podría mejorar, y en lo que hay que cambiar porque se nos ha quedado obsoleto. Por ahora no vamos a poder a hacer mucho, porque no tenemos tiempo ni dinero y sí dos niños que manchan mucho (y uno de ellos ya se ha estrenado en el arte de romper cosas), pero hay cambios que no pueden esperar.

Mi cocina tenía una isla monérrima de ikea:


la foto no es muy buena, pero es la que usé para los post de transformación de la cocina (ver aquí, aquí y aquí).

El caso es que la usábamos dos y ahora ya somos tres comensales y dentro de ná, cuatro, así que tuvimos que cambiar almacenamiento por sitio, y compramos en ikea otras patas:



Ahora le hemos añadido dos taburetes pero no tiene nada que ver... ¡me ha dado mucha pena hacer el cambio! se avecinan nuevos aires y dentro de poco todo estará invadido por juguetes (de la patrulla canina sobre todo, que es una auténtica plaga), paredes pintadas y puertas picadas. Lo sé, porque así estaba mi casa cuando yo era pequeña. Lo curioso es que, a pesar de las amenazas de mi madre, no hizo muchos cambios cuando nos fuimos...
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