jueves, 10 de marzo de 2016

madre no hay más que una: elegir colegio

Más que elegir colegio, tendría que decir que el colegio te elige a ti. El Chino y yo estamos en ese momento vital que tantas conversaciones ocupa entre padres y tan aburrido suena para el resto: elegir el colegio de tu criatura.

Por supuesto que antes de que naciera Teo estas cosas me sonaban muy lejanas y los padres que hacían estudios de los colegios, se mudaban de casa para estar más cerca del elegido y metían a sus cachorros de dos años en la guardería del centro para asegurar plaza me parecían más histéricos que otra cosa... pero ay, ahora nos toca enfrentarnos a este momento y ya no, ya no me parecen igual todos los colegios, ni los padres unos histéricos.

El año pasado fui, por curiosidad, a la jornada de puertas abiertas del colegio (público) donde mis hermanos y yo estudiamos de pequeños. Entré más o menos convencida de que al final sería nuestra primera opción, por cercanía y simpatía, y salí completamente horrorizada... No me gustó nada, y tengo que decir que cada día que pasa me gusta menos.

El problema, para mí, es que los responsables nos hablaban de unas clases que estaban más enfocadas a niños de primaria que de infantil. Los niños tienen que entrar sin pañal y deben comer solos; bueno, eso lo entiendo aunque no me parece igual en esa etapa de la vida un niño de febrero que otro de noviembre, por ejemplo. La rigidez de "si se mea encima llamamos a sus padres para que vengan a cambiarlo" me pareció hasta estrafalaria. O que se acabaron las siestas. O que tengan libros, evaluaciones y cosas por el estilo...

Todo esto me agobió mucho. Este año hemos ido a ver un centro concertado que tiene un proyecto completamente distinto, más abierto, más comprensivo con niños tan pequeños, y a Teo pareció gustarle bastante. Pero no tenemos puntos suficientes para entrar, y saber eso es desesperante: hemos encontrado lo que buscamos pero no podemos acceder a ello...

No entiendo un sistema que escolariza a niños de 3 años de una manera tan rígida. Yo no quiero que mi hijo aprenda chino desde ya, quiero que aprenda a hablar y se sienta cómodo, quiero que aprenda a atarse los zapatos...  Ya sé que la educación infantil no es obligatoria, pero es que tampoco encuentro alternativas. Cuando yo tenía la edad de mi hijo, iba a un jardín de infancia, sólo para niños de 3 a 6 años, antes de empezar el colegio, donde jugábamos, pintábamos y desde luego, no teníamos libros sino una cartilla para empezar a leer (y esto ya en último de jardín de infancia, ojo).

En fin, se acercan días complicados...

martes, 8 de marzo de 2016

probando el té matcha

Hace tiempo que vengo escuchando que el té matcha está de moda, pero no le había prestado mucha atención al asunto hasta que leí un post en el blog de Deliciously Ella en el que contaba las bondades del brebaje, que además de tener antioxidantes a cascoporro, tener más cafeína que un café pero con efectos relajantes, es saciante. Pues mira, a todo eso me apunto, así que me puse al tema en google y vi que 1) es complicada de preparar, requiere de instrumental ad hoc y paciencia, y 2) en madrid no es fácil encontrar sitios donde beberla.

Fui a un local de la cadena Tea Shop que hay al lado de mi trabajo, donde ya me conocen, me enseñaron todas las variedades que tienen y me hicieron una demostración de cómo se prepara el matcha; lo probé, me gustó (sabe a té verde pero resulta más suave y hasta cremoso), me gasté una pasta en una latita de matcha, una cucharita de bambú para la medida y el removedor (ni idea de cómo se llama) para hacerlo en casa.



Como el asunto de la preparación requiere tiempo, el primer intento fue el sábado. Es un poco latoso porque hay que calentar el cuenco donde vas a hacer la mezcla, batir el matcha (son polvos) con paciencia, y no estaba tan bueno como el que probé en la tienda. El segundo intento del domingo fue igual.

Conclusión: en la tienda siempre me saben mejor los tés que en casa. No sé si algún día amortizaré el menaje del matcha, pero seguiré intentándolo.

¿Habéis probado este té? ¿habéis oído hablar de él?

¡Buen día!

domingo, 6 de marzo de 2016

cuatro libros muy recomendables

Hacía ya una semana que no publicaba, pero es que tampoco tenía  nada que contar. últimamente lo único reseñable que he hecho ha sido leer,  es lo que más me apetece, seguramente porque sé que en cuanto me convierta en bimadre ya no tendré tiempo hasta quién sabe cuándo...

En poco tiempo he devorado unos cuantos libros. Además de los que hablo en el post, he leído "Un verano chino", de Javier Reverte, que me prestó mi suegra, y "Cicatriz", que NO es el que se se ve en la foto sino un libro del mismo título y temática completamente distinta, de Juan Gómez Jurado. De este no tengo foto porque lo compré en formato ebook para aligerar (y además me salió muy bien de precio, poco más de 4€). Estos dos me han entretenido mucho, pero con los siguientes he disfrutado más.



De la escritora Sara Mesa he leído dos obras; primero "Cicatriz" y después "Mala letra". Llegué a ella  a través de un reportaje de Babelia, en el que elegían los mejores libros del año, en cuya lista estaba ella. Es verdad que en estos reportajes de El País suele haber más de autopromoción de las editoriales de la casa que de crítica objetiva, pero lo que decían de "Cicatriz" me llamó la atención. No sé si se puede contar algo de la trama sin destriparlo, pero para mí lo mejor ha sido la originalísima narración,  y el tema. Estuve enganchada los cuatro días que me duró el libro, y aunque al final tuve una sensación agridulce, en todo momento lo que predominaba fue la idea de estar ante una escritora muy singular; Y por eso compré el siguiente, "Mala letra", esta vez de relatos, y que aún tengo en la mano.

Al libro de Marina Tsviestáieva, "Diarios de la Revolución de 1917" (Editorial Acantilado) llegué por un artículo de Antonio Muñoz Molina, y tengo que decir que ha sido una lectura muy compleja y muy completa. Son los diarios de una poetisa (¿o ya se dice poeta?) rusa que entremezcla en su escritura las vivencias y pensamientos durante los años 1917-1920 en su país. La prosa no es ligera y a veces se me hizo difícil, pero es dura, viva y muy instructiva. Tsvietáieva tuvo que dejar a sus dos hijas en un hospicio ante la imposibilidad de darles de comer y la pequeña murió allí; Ella terminó suicidándose en 1939. Cero nostalgia de la Revolución.

El último libro es el más ligero, y creo que el que más he disfrutado por motivos personales: "Mi maravillosa librería", de Petra Hartlieb (editorial Periférica) cuenta la historia en primera persona de cómo esta mujer se hizo, casi por casualidad, con una librería en Viena y cómo la puso en marcha. El de librero es un oficio que supongo que todos los que nos gusta leer tenemos muy idealizado, y el relato del día a día de la propietaria de un negocio de este tipo me ha encantado: romanticismo y pragmatismo a partes iguales; la cara y la cruz de un trabajo con riesgos y altibajos.

Diré que no hace mucho, se me ocurrió que podía abrir una librería infantil en un local que está justo en frente de mi casa y que llevaba vacío mucho tiempo, desde que me mudé hace unos años. La idea me estuvo rondando bastante tiempo, pero no me decidí (¿qué se yo del negocio?). Leyendo esta obra me he dado cuenta de todo lo que hay detrás de una librería, y ahora se lo he prestado a una amiga que también tiene esa idea en la cabeza. Espero que ella sea más valiente y se decida... En cualquier caso, la lectura se me hizo muy amena, y al parecer esta librera es también coautora de una saga de libros policiacos de éxito en el mundo germano. También he descubierto a través de ella a una autora alemana que espero que traduzcan pronto en español,

¡Buen día!
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