sábado, 27 de agosto de 2016

la vida cambia... mi casa también

¡Hola!

no recuerdo la última vez que me puse a escribir pero casi seguro todavía tenía a Juan en la tripa; es más, seguro que ni se llamaba Juan porque el nombre lo decidimos en el paritorio y hasta allí no me llevé el ordenador.

De nuevo con un bebé en casa, de nuevo sin poder planificar nada, porque cuando los niños duermen no sabes si es para 5 minutos o para tres horas y en mi caso, la ley de murphy no falla: si me dispongo a hacer la comida para toda la semana o enfundarme en el chandal para hacer ejercicio, se me levantan al punto; si me pongo a mirar las musarañas (mindfulness lo llaman ahora, creo) dormirán tres horas completas. Lo que tampoco falla es septiembre: en cuanto se asoma por el calendario, me dan ganas de hacer mil cosas.

Entre esas cosas está el hacer cambios en casa. En estos momentos de tener un bebé en brazos, intentando dormirle, no puedo evitar reparar en todo lo que podría mejorar, y en lo que hay que cambiar porque se nos ha quedado obsoleto. Por ahora no vamos a poder a hacer mucho, porque no tenemos tiempo ni dinero y sí dos niños que manchan mucho (y uno de ellos ya se ha estrenado en el arte de romper cosas), pero hay cambios que no pueden esperar.

Mi cocina tenía una isla monérrima de ikea:


la foto no es muy buena, pero es la que usé para los post de transformación de la cocina (ver aquí, aquí y aquí).

El caso es que la usábamos dos y ahora ya somos tres comensales y dentro de ná, cuatro, así que tuvimos que cambiar almacenamiento por sitio, y compramos en ikea otras patas:



Ahora le hemos añadido dos taburetes pero no tiene nada que ver... ¡me ha dado mucha pena hacer el cambio! se avecinan nuevos aires y dentro de poco todo estará invadido por juguetes (de la patrulla canina sobre todo, que es una auténtica plaga), paredes pintadas y puertas picadas. Lo sé, porque así estaba mi casa cuando yo era pequeña. Lo curioso es que, a pesar de las amenazas de mi madre, no hizo muchos cambios cuando nos fuimos...

2 comentarios:

  1. Las cosas cambian, no hay otra, y somos afortunados porque somos el motor de esos cambios para nuestros hijos. Cuando son muy pequeños hay veces que uno no ve más que pañales y mucho, mucho trabajo, pero luego todo compensa.

    Besos.

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    Respuestas
    1. La verdad es que cuando estás en plena faena no tienes la perspectiva adecuada, pero sé que echaré de menos muchas cosas cuando crezcan. La gente me dice "disfruta ahora que pasa muy rápido", pero creo que no soy capaz de disfrutarlo porque paso muchos ratos de agobio. A ver si aprendo a relajarme...

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