domingo, 1 de diciembre de 2013

Madre no hay más que una: el día después

Al llegar a la habitación, con tu bebé en brazos y todavía noqueada por los acontecimientos y la anestesia, llega el momento de dormir. Pero a pesar del esfuerzo, del tiempo que llevas sin descansar y de lo que se te viene encima no duermes nada, y ahí ya te das cuenta de que nada volverá a ser igual.

Yo di a luz a última hora de la tarde, así que tras colocarme en mi cama, con ayuda, me pusieron la cena (de la que no probé nada, porque yo lo que quería era beber una cocacola) y a ponerme al niño en el pecho. Eso sí, yo tumbada porque no era capaz de incorporarme, y así me quedé las siguientes doce horas, sin poder moverme y pidiendo ayuda para todo.

Cuando amaneció, el calor, el cansancio y el camisón feote que te dan en la maternidad ya hacían mella y el cuerpo pedía a gritos una ducha. El primer día no te dejan levantarte sola por el riesgo de mareo, pero yo ansiaba la intimidad que el parto me había arrebatado, así que pedí que me dejaran en el baño para ducharme. La valentía se me pasó pronto, concretamente en el momento en que se me nubló la vista y me imaginé besando el suelo. Me mareé y tuve que pedir ayuda de nuevo para que llevaran a la cama, y ahí acabó la historia y mi sueño de intimidad, porque las curas las tuve que hacer acompañada.
 
El momento cura es peor que una película de terror: te quedas desnuda, te ves la enooorme tripa (¿yo no parí ayer?), sangras mucho y puedes palpar lo que le ha sucedido a tu cuerpo: una costura que te cruza de lado a lado (aka episiotomía).

Lo que a mí nadie me había contado es que iba a estar sangrando todo el puerperio (de 20 a 40 días, creí que serían menos), que tienes que llevar unas compresas del grosor de un colchón y que dar el pecho, si se hace mal, duele.

Y cuando llegan las visitas, que en mi caso no fueron muchas porque a los amigos les dije que mejor nos veíamos dentro de un mes, tienes que sentarte (¡¡dolor!!) sonreír (¡esta es mi cara después de horas de parto!) y, encima, aguantar que algún despistado (en masculino, las mujeres son más comprensivas) te diga que todavía tienes tripa de embarazada... bueno, y la comida de hospital, que mala no está, pero es que yo quería un bocadillo de salchichón :(

Mi niño, en cambio, estuvo estupendo: no lloró nada y su buena cara se llevó todos los piropos (y eso que él también había sufrido lo suyo).
 

5 comentarios:

  1. Jjajja visto así es curioso. El parto te roba la intimidad, cuando debería ser totalmente diferente...

    A mi el sonidito maternal no se me ha despertado... Pero me está encantando leerte en estos capítulos.

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  2. Uf!!! No recordaba ya lo de los mareos... es verdad.... bueno, a pesar de todo... compensa!!

    Besos

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  3. Igual lo de no visitarte durante las primeras semanas me lo estoy tomando demasiado al pie de la letra ;-)

    El parto más cercano que he tenido ha sido el de Sandra y no recuerdo lo de los mareos. Yo la veía tan pancha... jajajja.

    Esperando el siguiente capítulo :)

    Besos!

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  4. Sí, a mi tampoco nadie me dijo eso del sangrado y mucho menos lo de las compresas...cuando mi señor esposo vino de la farmacia con semejante troncho de algodón casi me da algo!

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  5. mmmm... de vez en cuando, ¿podemos volver a los posts de lacas de uñas? jajajaja... XD
    Es bien cierto que, por mucho que te cuenten, hasta que tú no lo vives no tienes ni idea...
    MQuiza

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