miércoles, 27 de octubre de 2010

Los Jabones de Mi Mujer


Sin duda, uno de los mayores placeres de la vida es hacer de un acto cotidiano una experiencia lujosa. Otro ejemplo clarísimo es ir comiendo a pellizcos la barra de pan de camino a casa. La diferencia es un montón de calorías, así que por ahora me voy a centrar en lo primero.


Hacía mucho tiempo que tenía fichados Los Jabones de mi Mujer, que había visto en revistas: están hechos a mano con ingredientes naturales, son ecológicos y además bonitos. De la rutina del baño al pequeño lujo cotidiano.

Hasta ahora no los había podido probar porque no tienen punto de venta en Madrid, aunque tienen tienda online, y además venta directa en su tienda-taller de Santiuste de Pedraza, un pueblo de Segovia. Y para cualquier madrileño con coche y espíritu dominguero, éste es el mejor plan, porque con la excusa de los jabones, te vas a comer a Pedraza (un pueblo muy bonito de Segovia que está al lado), o al revés, que cada uno es muy libre de excusarse como quiera.








El caso es que el Chino y la menda, dominguero él y madrileña ella, cogieron la excusa por los cuernos y se plantaron en Los Jabones de mi Mujer, un buen día de septiembre. Lamentablemente ese día estaba cerrado, así que en ese momento decidimos: 1) comer en Pedraza, y 2) llamar con antelación la próxima vez.







Y de vuelta allí el pasado fin de semana, esto es lo que encontramos...


la tienda-taller
Lo bueno de ir hasta Santiuste de Pedraza es que no sólo disfrutas de los olores de los jabones, porque toda la tienda es una maravilla, empezando por la construcción, la antigua casa de la maestra, de la que han conservado intacta la estructura original.


listos para probar
Todos los muebles son antiguos, y los expositores de los jabones, únicos, traídos por los dueños, Amelia y Pablo, desde todos los rincones en sus viajes. Se nota que han cuidado cada detalle en la elaboración de su producto y en la presentación: las etiquetas de los jabones, el papel que los envuelve, el catálogo, la web...




algunos de los ingredientes que se utilizan
se cultivan en el jardín del taller











El Chino y yo nos pasamos toda la mañana del domingo en la tienda, preguntando y cotilleando, y no sólo sobre jabones, porque nos descubrieron algunos blogs que son una auténtica maravilla (ya os contaré porque merece la pena visitarlos).


Amelia, la creadora, en su taller

De la tienda me llevo muy buen recuerdo, y además, dos jabones de regalo para la madre del Chino, porque ya se sabe que los regalos para las suegras siempre son una buena inversión.

Y como no me pude ir sin algo para nosotros, me llevé también un jabón de aceite de argán (descubrí este aceite en Marruecos y me gusta mucho porque es muy hidratante). Ahora que me hago mayor empiezo a notar que necesito más cuidados (¡toma excusa!). Lo malo es que ahora me da pena romper el envoltorio, pero huele muy bien así que por el momento hace las tareas de ambientador.

Sólo me queda decir que la visita fue un buen plan de domingo. Lo único que me faltó fue una barra de pan para ir comiendo en el camino de vuelta a casa...

Por cierto, con esta entrada hacen ya ¡98! publicadas en el blog, y para celebrar la nº100 ya tengo algo planeado (aunque no sé cuándo será, porque por ahora no tengo tema para la 99).

¡Buen día!

Fotos: La Emperatriz de Lavapiés

domingo, 24 de octubre de 2010

La fiebre del Casio: efectos colaterales

Tuve una época en la que quería todo lo que salía en el blog de El Diablo viste de Zara. Creo que fue allí donde vi por primera vez el Casio dorado vintage, que al principio me pareció feo y de "modernillas" pero que luego estuve buscando como una loca por todas las tiendas de Madrid... (creo que he cogido unos cuantos kilos por la cantidad de veces que me he tenido que comer mis palabras).

Al final me lo regaló mi madre por reyes, y ahora sigo tan contenta con él. Pero antes de tenerlo, estuve indagando entre familiares y amigos por si alguno tenía un "auténtico casio vintage"; yo preguntaba con estas mismas palabras y me miraban con cara de "esta cada día es más pija", así que para hacerme entender tuve que explicar que quería el casio dorado de abuelo (que tan feo me parecía en su momento), y además de un "no", me llevé la certeza de que pensaban que, efectivamente, cada día era más tonta y más pija.



Resultó que el propio Chino tenía un Casio cronómetro de toda la vida, que él utilizaba para los entrenamientos, y me lo dio...(y de paso me puse a correr, a lo Forest Gump)


yo creo que atrasa: no puede ser cierto el tiempo que da cuando me cronometro corriendo
Y así seguía yo con mis quehaceres, hasta que un día el "chi" dejó de fluir con normalidad por mi casa y se apoderó de mí un mal anímico. Convencida como estaba del poder del rosa para mejorar el ánimo, por un post de La Condesa que había leído (ya he dicho alguna vez que es mi gurú blogger), cuando vi en un escaparate de la calle Fuencarral de Madrid un reloj rosa, me decidí a comprarlo (pero lo dejé para otro día). El caso es que luego cambié mi malestar anímico por otro físico, y con tanto mal le debí dar pena al Chino, porque al llegar del trabajo, en pleno resfriado, me encontré un  paquetito con esto...
¡mi reloj rosa!

La sorpresa del regalo y el color le alegran a una la tarde, pero hay otra cosa más...


Ésta es mi pequeña colección de relojes, ¿encontráis las diferencias...?

Premio para el que haya visto que el rosa no es marca Casio, sino ¡¡Cussi!! JAJAJA,  es un casi-Casio. Hasta los Casio de toda la vida baratelos tienen imitaciones. Por cierto, si os interesa tener un exclusivo Cussi (los hay de todos los colores) podéis ir a una tienda de electrónica que hay en la Glorieta del Pintor Sorolla (donde está el metro Iglesia) en Madrid. Los de la calle fuencarral son tres veces más caros (a precio de Casio).

¡Buen día!

Aviso: según mis cálculos, el Cussi atrasa 5 minutos al día. Al final de la semana llegas media hora tarde a cualquier sitio

Fotos: La Emperatriz de Lavapiés

jueves, 21 de octubre de 2010

la ratita presumida

La Ratita Presumida es un cuento que nos contaban cuando éramos pequeños. ¿Lo conocéis? la versión tradicional, que no la antigua porque decir eso me hace mayor, contaba la historia de una ratita que barriendo la puerta de su casita (aquí todo tiene diminutivo) encontraba una monedita, y tras mucho pensar y pensar en qué gastarla, se compra un lacito que tiene tanto éxito en el género masculino-animal que la pretenden muchos, pero al final elige como marido a un gato que se la zampa en la noche de bodas. La moraleja, terrible donde las haya, es que ser presumida lleva a la soberbia, y la soberbia a la ira, y la ira al lado oscuro...(el estómago del gato).

Si pienso en la nueva versión, políticamente correcta del cuento, quedaría tan distinto que no se parecería en nada, y yo necesito el cuento tal y como lo conocí para poder usarla como introducción para este post. Pero pasamos del gato y nos quedamos con la parte que puede interesar en un blog de moda: tengo una moneda y quiero gastarla...

La "moneda" es una tarjeta de "secretos de belleza", de los grandes almacenes por antonomasia, que mi madre me dio el otro día con un dinerillo (no mucho: 8€). Es como una tarjeta regalo que puedes usar como crédito para cualquier cosa del departamento de perfumería. Así que me puse muy contenta y me fui a elegir algo. Yo quería algo especial, un capricho innecesario, de esos que te ponen de buen humor y te hacen sentir guapetona, e hice una lista mental: pintalabios, un perfume, una crema de cuerpo de kenzoki, un colorete y un pintauñas llamativo.

Al final compré algo que no estaba en la lista: una crema para el cuerpo de Origins, de la línea Ginger Burst. No conocía nada de esta marca, pero tiene etiqueta "ecológica" y un olor... ¡ABSOLUTAMENTE INCREÍBLE! huele a jengibre y a pomelo, no es dulce ni cítrico... es suave (estas cosas se me dan mal, ¡Maia, si conoces el olor échame una mano!). En cuanto abrí el tarro, me decidí a gastar mi moneda, como la Ratita. No me hace sentir sexy, ni fuerte, ni más guapa, pero refuerza mi yo (que no es sexy, ni fuerte según he comprobado). Supongo que es el efecto que busco en un perfume: que sea yo. Ahora tengo grandes planes para mi crema, porque está llamada a ser la hidratante que cambie el olor del cloro de cuando voy a la piscina por otro delicioso.



Ah, por si os lo preguntáis, la crema no cuesta 8€, sino 30. El resto lo puse yo, porque esto es una versión moderna del cuento, y el IPC es lo que tiene, que con una moneda ya no te llega para lazos ni para cremas.

Y colorín colorado, este cuento se ha acabado y me despido más yo que nunca.

¿Tenéis algún cosmético que os refuerce el ego?, ¿cuál?

domingo, 17 de octubre de 2010

Olivia Palermo por el Sartorialista

Seguro que la mayoria ya habéis visto en el blog de el Sartorialista esta fotografía de Olivia Parlemo...

foto: the Sartoralist
Después de pasar la primera fase de flipar con la foto, he formulado algunas hipótesis sobre la situación:

a) Olivia P. posa para la foto al lado de una bicicleta prestada. Tras el click, la deja en su sitio y coge un taxi, caminando hasta él no sin cierta dificultad (por la altura del calzado)
b) Olivia P. es una auténtica máquina de pedalear, ríete tú de Contador, y va a todas partes con sus accesorios it: súpertaconazos, el kelly y la bicicleta. Todo lo que una neoyorquina necesita...
c) Olivia P. posa para la foto y luego se quita los súpertaconazos, los guarda en el kelly, se pone los zapatos planos y ¡ala! a pedalear hasta el siguiente sarao
d) No es Olivia P., sino su doble, la de los "posados-robados" de riesgo (porque riesgo es subirse en esos zapatos y luego ir en bici)
e) Mejor dedicar el tiempo a otra cosa...

Y tras exponer mis hipótesis acerca de la foto, he vuelto a la primera fase: sigo flipando. Pobre, lo que tiene que hacer una chica it para seguir siéndolo...

martes, 12 de octubre de 2010

to shop or not to shop online


Esta semana he estado poco activa en el blog: la culpa la tiene el trabajo, que ahora es abundante y complicado, y hace que cuando llegue a casa tenga pocas o nulas ganas de mirar la pantalla del ordenador otra vez. Además, he hecho puente. Me he ido a La Rioja, presuntamente para conocer bodegas y empinar el codo. Pero como estoy enfermita no he podido rendir honores al dios Baco como me hubiera gustado. Y además me ha llovido. Puaj. Bueno, ya sabía que iba a llover, así que aproveché el desfavorable parte meteorológico para sacar algo favorable: fui a comprarme unas Hunter para pisar charcos con glamour. No pudo ser, me quedan de pena. Aunque mi bolsillo respiró aliviado, mi sentido fashion se resintió: no es lo mismo llevar las Hunter que mis pisamierdas goretex de subemontes...

Hablando de gastar, tengo la sospecha de que desde que apunto todo lo que gasto al mes, ahorro menos. El propósito era lógicamente el contrario, pero las cuentas me demuestran que algo falla. Si me autoregulo, me regulo mal, así que volveré a mi libre albedrío gastoso. Creo que es como estar a dieta: tienes más hambre y picoteas más (y peor) cuando te impones la obligación de comer poco (y bien) que en tu estado normal, así que me retiro públicamente de mi dieta económica, para volver (espero) a mi estado de "no me apetece ni entrar en zara". Lo malo es que la comida sustituya a la ropa...

La foto de esta entrada corresponde a un día de "dieta". La bolsa es del Chino, que el pobre siempre necesita ropa, y se compró una camisa. Ir con él puede ser un poco frustrante: le queda todo genial. Cuanto más barato, mejor le queda. Encuentra vaqueros a 10€ que están hechos como a medida. Incluso un día, en El Corte Inglés, el dependiente vio que no tenía que arreglarle nada en un traje y le dijo, sorprendido, que tenía la talla exacta de la marca, y eso es una cosa rarísima: le pasa a 1 de cada diez millones de habitantes. El caso es que él nunca se tiene que arreglar nada, mientras que yo tengo que coger aire para recitar la lista: bajos, cintura, espalda, mangas... vamos, que tengo que cambiarlo todo menos el color.

El ejemplo lo tengo en la web de zara (que por cierto, es adictiva). Yo miro, y ya intuyo por dónde me va a quedar mal la prenda. Luego voy a la tienda y veo si he acertado o no en el probador (casi siempre acierto). Sin embargo, con el Chino es al revés. El otro día le descubrí la web (a la que estuvo enganchado un buen raro), y me preguntaba: "¿cómo me quedará esto?". Yo le respondía, no sin cierto tono envidioso: "exactamente igual que en la foto". Luego fue a Zara y comprobó que yo había acertado...

En fin, que para estos días que me va a durar el malestar que se ha apoderado de mí, tengo planeadas muchas visitas a zara.com. A lo mejor un día me animo a comprar... quién sabe.

martes, 5 de octubre de 2010

peticiones del oyente (a dos metros bajo tierra)

(viene del post anterior)
...y vestida de domingo, me fui al cine.

Hace unos años me pasaron un correo electrónico, de esos con preguntas personales de lo más variopinto que tienes que contestar y reenviar (memes, he sabido mucho después su nombre) en el que solicitaban respuesta, entre otras, a la siguiente pregunta:

-"¿Qué música te gustaría escuchar en tu funeral?"

No sé si era una pregunta trampa o una mala traducción, pero yo contesté clarito y en mayúsculas: "en la medida de lo posible, quisiera estar muerta en mi funeral y no escuchar nada". Porque vaya gilipollez de pregunta, no es por nada. Enterrada viva en la caja y encima en una funeraria-disco con música a todo trapo para que nadie me escuche gritar. ¿Desasosegante? sí, mucho. Y lo peor es que sí hubo respuestas con "peticiones del oyente"...

No sé si os habéis sentido incómodos con el principio del post. Aviso que lo que viene, es peor. Una hora y media metida en una caja de madera, enterrada viva, con la única luz de un mechero que consume el poco oxígeno que aún respiras y un móvil con poca batería y sin guía de números (menos mal que está en "modo silencio" y no tiene que escuchar un politono en su funeral). Y encima, compartiendo espacio con todos los espectadores  de la sala del cine, que respiran el mismo aire que tú en la oscuridad, que se mueven en su butaca y ocupan el escaso espacio... esto ocurrió el domingo, y fue viendo Buried (podéis ver el tráiler aquí).

En principio no tenía intención de ir a ver esta película, porque:
1. Tengo claustrofobia
2. Últimamente me quedo dormida en el cine (y la perspectiva de ver a un tío en una caja durante una hora y media me parecía algo aburrida)

Pero al final, fui, porque:
1. El director, Rodrigo Cortés, viene avalado por trabajos anteriores buenos (corto "15 minutos", el largo "concursante")
2. El Chino invitaba
3. Estaba lloviendo
(Simples matemáticas: ganaban en número los argumentos a favor)

El argumento es sencillo: secuestro en Irak de un norteamericano. No se ve otra cosa durante todo el metraje que al protagonista dentro de la caja, y sin embargo, durante el desarrollo de la película os enteraréis de su vida personal, de los entresijos de la política estadounidense y del valor de los seres humanos, incluso cuando están al borde de convertirse en otra cosa.

Sólo puedo decir que durante los últimos diez minutos, tuve 200 pulsaciones. No eché de menos la siesta en el cine.

Ah, y la peli es española.

¿Os animais a ir a verla?, ¿alguna recomendación para ir al cine el próximo domingo?

domingo, 3 de octubre de 2010

vestir de domingo: american vintage

Ser burócrata es raro. Te dedicas a escribir informes sobre los temas más peregrinos: que si el precio del último recurso energético, la proporción exacta de mezcla de la leche cabra y oveja para que el queso sea "legal"... en fin, raro. Raro porque yo me meto en mi despacho, leo, releo porque no me entero de nada a la primera, y luego, "evacúo" mi informe. Y cómo vaya uno vestido para hacer esto, no le importa a nadie, y nunca ha debido importarle, porque en la administración hay gente muy pintoresca, no hay más que dar una vuelta por cualquier edificio para saberlo. Pero tienes que guardar un mínimo de decoro, así que nada de ir vestido como te apetezca.

Menos mal que, tarde o temprano, llega el fin de semana. Y ahí lo que quieras: ir vestida de castigadora, de choni, boho-chic, heavy... Aunque los domingos es distinto. Apetece ir con el pijama a todas partes, incluso para tomar el vermú o la caña de turno. Para evitar este tipo de tentaciones e ir bien vestida a la par que cómoda y dominguera, me quedo con la ropa de american vintage, que tiene una pinta estupenda. Hoy, por ejemplo, sacaría de mi armario esto (si lo tuviera) y ya, a dominguear por ahí...



Ains, que me gusta a mí el chándal... (no puedo negar mi ramalazo de dominguera)

¡Buen día!
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