domingo, 28 de febrero de 2010

A LAS PUERTAS


El planeta está superpoblado. Así me lo enseñaron a mí. En ciencias naturales escuchábamos frases apocalípticas tipo "los recursos se agotan", "no habrá agua para todos" y sentencias del estilo que provocaban terribles pesadillas infantiles. Pero el tiempo y el trauma pasó, aunque la conciencia ecológica sigue ahí, a pesar de las trabas burocráticas (sigo buscando un punto limpio cual Indiana Jones con el arca perdida).

Peeeeeeeeeeeeero (siempre hay un pero enfatizado), acontecimientos de los últimos meses me hacen volver al sentimiento apocalíptico. Sin necesidad de pensar en el cambio climático o en la escasez de agua (después de tres meses lloviendo no viene a cuento, tiempo habrá más adelante de preocuparse), porque la idea está clara: en madrid somos muchos.

¿Cuántas veces ha tenido que retirarse deshonrosamente y cabizbajo de una larguísima fila localizada en los madriles porque le han dejado a las puertas? ¡yo he sufrido esta afrenta tres veces! los dichosos impresionistas tienen más tirón que los Beatles en sus buenos tiempos (digo éste por ser un grupo intergeneracional, ahora no sé lo que se lleva...), y el país de las maravillas ni te cuento...decenas de frikis a las puertas del ifema con las ilusiones tan aplastadas que ni por la pequeña puerta del cuento hubieran cabido. Ainssss, ¡¡¿de dónde sale tanta gente?!!

Yo, madrileña de tercera generación, sin pueblo, sólo respiro cuando llega la semana santa. Es el único momento en que los sufridos ciudadanos abandonan en masa la ciudad. Agosto ya no es lo que era, y aunque lo fuera, ¿quién sale con 40ºC a la sombra...?

Los tiempos del mes de vacaciones y el éxodo masivo a Cullera (ellos lo llamarán invasión) han pasado junto con cómo se hacen raíces cuadradas, a lo más profundo de la memoria. Jo, qué lejos quedan los viajes por la nacional hasta la playa, los minicoches de la època; Aquello sí que era superpoblación: ¡6 en un seat 127! te montabas rezando para que te tocara ventanilla, todos a dieta una semana antes del viaje porque de un año para otro habías crecido algo (muy poco, en mi caso), y el tetris tenía que cuadrar (de ahí me debe venir la claustrofobia). Y luego, el viaje..., en mi casa estábamos todos perfectamente sincronizados para tener ganas de parar cada doce minutos, uno cada vez, ¡y con precisión de reloj suizo! La alegría y el alboroto llegaba siempre al ver la primera palmera, ese árbol maravilloso, preludio del mar..., porque en los madriles no hay palmeras, claro, a nadie se le escapa que no tenemos mar, y ver una palmera era la felicidad máxima, porque sabías que por delante tenías todo un mes de playa, ¡que una es de secano pero está necesitada de olas y arena!


Y tras el maravilloso mes, a hacer las maletass y vuelta al tetris. Sin problemas, que todo esto generó que tuvieras -espacio obliga-una relación "estrecha" con la familia, porque en los coches de ahora, con tanto espacio, con dvd, y sin niños "suizos", no es lo mismo...

Y de vuelta a la realidad, más colas...que mañana es 1 de marzo, y eso sólo puede significar una cosa...¡la cola para comprar el abono transporte!

domingo, 21 de febrero de 2010

IT´S RAINING (Y NO PRECISAMENTE MEN...) o nunca llueve a gusto de todos


Madrid, 21 de febrero de 2010.

Te despiertas, subes la persiana y...lloviendo. Otra vez. Y van ya dos meses.
De nada sirve que D.Amancio llene sus inditiendax de sandalias, el gallego tiene poder pero no tanto. Está claro que por mucho que nos rodeén de precolecciones primaverales, de las katiuskas no nos saca nadie. La que las tenga, claro, porque yo, a principio de temporada, me juré que no gastaba los cien eurazos que cuestan las hunter -aunque las hubiera amortizado de sobra, eso está claro-, pero tampoco estaba dispuesta a llevar las versiones más modestas pero menos fashion -joer, que ya que te plantas botas de goma, al menos que sean ideales de la muerte...

Total, que me arrepiento de no haberme hecho con las dichosas hunter, que están por todas partes menos en mis mojados pinreles. Y ahora es tarde, ahora sí que no me gasto el dinero, que con el cambio climático es imposible saber qué nos toca el año que viene, que lo mismo no cae ni una gota en todo el invierno y aquí me planto yo de nuevo practicando el deporte nacional -o lo que es lo mismo, quejándome- porque tengo ganas de botas y lluvia.
Y mira que yo soy gastosa, que pico en todo lo que nos quieran vender y todo lo que se vea por la blogosfera (vamos, que personalidad cero), pero de repente, se enciende un click en la parte del cerebro que contraresta la que dirige el impulso consumista (que es la dominante en mi caso) y dice NO, y es no.
¿Y todo esto por unas botas de goma? no, el caso era publicar una entrada, y ya que estoy, aprovecho que tengo los pies mojados y le hago un homenaje a las botas de lluvia, que tan útiles nos eran cuando éramos pequeños y podíamos atravesar los madriles de charco en charco sin pisar suelo seco, para desesperación de tu madre y regocijo propio.
PD: Hoy domingo es día de descanso consumista y lo respeto, pero mañana lunes, como todos los lunes, me pongo a dieta y, para animarme a ello y soportar todo el sufrimiento (que no suele pasar del juves...con mucho esfuerzo) me regalo algo, que por supuesto ya tengo pensado: el pintauñas de chanel en tono particuliére (visto en su desfile de primavera).

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