sábado, 27 de marzo de 2010

Momento "quémepongo"

Por las mañanas todo es estrés y sueño. De hecho, surgen momentos de pánico cuando en la radio suenan las señales horarias, estás a medio peinar, a medio desayunar, completamente sopa y te enfrentas al reto del armario, como los escritores ante la hoja en blanco. ¡¡¿qué me pongo?!! Es un hecho: no tienes nada que ponerte.

(mi musa para el momento-quemepongo)

Cuando viene la inspiración, respiras de alivio un momento, pero como Murphy nunca descansa, te das cuenta que el elemento esencial del estilismo está para lavar o para planchar (por cierto que en mi caso esta situación a veces se prolonga demasiado en el tiempo, porque a mi casa no vienen a trabajar los angelitos que le araban el campo a San Isidro, ¿dónde hay que llamar para que pasen unas horas por casa?).
El caso es que llegas tarde al trabajo. Y corriendo por el camino piensas que lo podías haber evitado, si el lunes hubieras planeado los estilismos de toda la semana, y te hubieras organizado para tener toda la ropa lavada y planchada. Bueno, a mí es que me da la risa solo de pensar que pudiera llegar a organizarme tan bien.Además, la vida luego te da muchas sorpresas que trastocan todos tus planes, así que siempre es mejor tener entrenada la improvisación, por si acaso. Por que, ¿de qué sirve tener una agenda (papel, blackberry, servilletas con notas por los bolsillos o "postis" con tus tareas), cuando un día vuelves del trabajo y no puedes entrar en casa porque los bomberos han tenido que apuntalar todo el edificio por peligro INMINENTE de derrumbe? definitivamente, hay que tener un plan previsto para este tipo de contingencias. Yo lo tengo, y es que esto, me pasó a mí. Tal cual.

Un día cualquiera, sales por la puerta de tu casa, te vas al trabajo, y ya no vuelves nunca.Suurealista. Yo me quedé con la lista de la compra en el bolsillo, y, menos mal, las botas "de mi vida" (que luego sólo lo fueron ese invierno) puestas. Dentro, el resto. Incluida la colada tendida (el menor de mis problemas, pero que en su momento me tuvo absurdamente intranquila).


(mi casa sitiada por los bomberos). foto: http://www.madridiario.es/
A veces uno tiene que imaginar que las grietas de su casa significan algo. Cuando el chino y yo alquilamos nuestro mini piso por el maxiprecio, no le quisimos dar importancia. Nos autoconvencimos de que no estaban en muros de carga. Ni techos de carga. No le dimos importancia a que en nuestra casa, aparentemente, y según nuestro razonamiento, ninguna pared entrara en esa categoría vital para que un edificio se mantenga en pie.
¿Alguna vez os han preguntado qué salvaríais de un incendio? Hay que tenerlo planificado, en serio. A nosotros los bomberos nos dieron exactamente 5 minutos para sacar las cosas del piso, dos días después de precintarlo. Fue como en un concurso de la televisión: los bomberos organizaron turnos, subíamos con casco al piso, y nos cronometraban. 5 minutos no dan para mucho, pero habíamos aprendido la lección y ya sabíamos lo que había que salvar: cámara de fotos, ordenador, una lista de ropa, y mi pulsera de Hermés (regalo de mis padres de cuando aprobé la oposición, sin duda lo más valioso de mi armario, por lo que cuesta y lo que significa, ya que condensa 4 años, a razón de 8 horas diarias, de estudio, sacrificio y esfuerzo). Seguro que muchos dirías que salvaríais las fotos. Nosotros las tenemos en el ordenador, así que las salvamos.
Lo curioso del asunto es que me alegré de  no tener nada más que salvar. No tenemos muchas cosas, si hubiera tenido una colección de zapatos, bolsos caros o cualquier otra cosa, hubiera sufrido más, pero el asunto se quedó en casi nada: un mes después pudimos volver a entrar y recoger el resto.
La cosa quedó en anécdota: durante una semana fui la "ana obregón" del trabajo, comentando la situación todo el tiempo, y vestida como una payasa; bueno, no pretendo meterme con la obregón, que no estoy para querellas, es que la ropa que cogí  tenía limitadas posibilidades de combinación, así que me lo ponía todo, pero no pegaba nada. Me pasa lo mismo en vacaciones, a la hora de hacer la maleta, y eso que me empollo los especiales de vacaciones que vienen en las revistas...
Los chistes sobre los pilares de nuestro piso de alquiler actual perviven, pero mola reírse de estas cosas, porque no pasó ná, y es una anécdota para contar a los amigos, porque una funcionaria no tiene muchas posibilidades de ser "obregón" por un día. Salvo que te dediques a contestar las cartas que escribe la gente al Presidente del Gobierno, ¡trabajo que ejercí y que me dio material para más tertulias de las que puedo tener en toda mi vida!

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